La computación cuántica, una tecnología que promete revolucionar desde la medicina hasta la inteligencia artificial, está recibiendo una inyección masiva de capital en Estados Unidos. Sin embargo, lo que se presenta como una apuesta audaz por el futuro, ha encendido las alarmas en el Congreso, donde se cuestiona la legalidad de cómo se está distribuyendo este dinero. Una congresista ha declarado que el uso de los fondos para financiar a diversas startups cuánticas, e incluso la creación de una nueva empresa gigante, es “ilegal y preocupante”.
El gobierno estadounidense ha destinado $100 millones a varias empresas emergentes de computación cuántica, adquiriendo participaciones accionarias en ellas. Pero el grueso de esta inversión, la más significativa, se dirige a la formación de una compañía completamente nueva: Anderon. Esta entidad nacerá de una inversión conjunta de un billón de dólares, aportados a partes iguales por IBM y el gobierno. Anderon heredará personal y propiedad intelectual de IBM, con la visión de convertirse en una “fundición” para fabricar unidades de procesamiento cuántico (QPUs), ofreciendo sus servicios a IBM y a cualquier otra empresa que desee acceder a hardware de vanguardia.
La controversia surge con la intervención de la congresista Zoe Lofgren (D-Calif.), miembro principal del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes. Lofgren ha sido tajante al afirmar que el dinero utilizado para estos acuerdos proviene de la CHIPS and Science Act, una ley aprobada durante la administración Biden que fue asignada “específicamente para microelectrónica R&D, con un enfoque en tecnología de semiconductores”. Según ella, esta tecnología solo se superpone parcialmente, en el mejor de los casos, con los procesadores cuánticos. Además, la congresista subraya que los fondos estaban destinados a fomentar asociaciones público-privadas de investigación, algo que, a su juicio, estos acuerdos no cumplen, especialmente cuando la mayor parte del dinero beneficia a IBM. Incluso se ha sugerido un posible conflicto de interés, dado que un exejecutivo de IBM, Dario Gil, ahora Subsecretario de Ciencia en el Departamento de Energía, estuvo involucrado en las negociaciones.
Lofgren aclara que su preocupación no radica en la computación cuántica como una mala inversión, o que las empresas involucradas no merezcan apoyo. Su argumento es que, para realizar tales inversiones, el Congreso debe asignar los fondos con ese propósito explícito. Sin embargo, detener estos acuerdos no es sencillo. Un litigio sería la vía obvia, pero requeriría que una parte demostrara haber sido perjudicada directamente, y el proceso judicial podría extenderse tanto que los fondos ya se habrían gastado para entonces.
La formación de Anderon, con una base sólida de recursos de IBM y una inversión tan considerable, podría ser un hito transformador. IBM ha mantenido su liderazgo en computación cuántica gracias a sus científicos de materiales internos y capacidades de fabricación. Si Anderon logra replicar el modelo de negocio de TSMC, fabricando chips cuánticos para diversas empresas, podría catalizar una verdadera revolución en este campo. No obstante, el debate sobre la legalidad del financiamiento plantea una sombra sobre un sector con un potencial ilimitado.
Imagen por: AidanHowe en Pixabay
Artículo original de John Timmer, publicado el 25 de mayo de 2026 en Biz & IT – Ars Technica. Reescrito y adaptado al español para nuestros lectores.